Origen y formación del género
Origen de la formación del género en castellano
Un repaso por el género del castellano nos advierte de un hecho más sorprendente: que son muchas las parejas en las cuales la oposición genérica tenga valor morfológico, esté motivada: niño / niña, suegro / suegra, cordero / cordera, etc. Más aún, sabemos que las distinciones genéricas más comunes o tradicionales están efectuadas por procedimientos léxicos (heterónimos: que son poquísimos que hasta se pueden contar con los dedos de una mano) no morfemáticos: hombre / mujer, padre / madre, carnero / oveja, zángano / abeja, etc. Así pues, casi en la mayoría de los sustantivos del castellano, el género es fijo y no está motivado: libro, silla, etc.
Los tres géneros del castellano dependen, en el fondo, del sexo.
Existe la conexión entre la femenina, ul neutru y el masculino con el «sexo» en la designación de «hembra», «macho-hembra» y «macho» respectivamente, distribuido a un sistema tripartito que llega hasta la actualidad.
La forma femenina, ya motivada, se va actualizando, generándose nuevas parejas.
El castellano recibe del latín tres géneros: femenina, neutru (umsei) y masculino.
Una mayor generalización de la tripolarización basada en el «sexo» («fem.» - «hembra» / ums. - «macho-hembra» \ «masc.» - «macho») va dando lugar a la aparición de nuevos valores de género en los sustantivos. Por su parte, el umsei, modifica su sustancia conformada: de expresar ul neutru tanto del grupo «animado e inanimado».
El castellano se caracteriza por tener el modelo fonético-fonológico, ligado a la pérdida de la declinación latina y al reajuste del sistema de vocales finales, que se reducen a cinco ( a, i, / u, \ e, o ), lo que permite la regularización de las terminaciones -a, -i / -u \ -o, -e como dos formantes de «femenina», un «neutru» y dos de «masculino» respectivamente, con la correspondiente influencia analógica. Asimismo, el reajuste del vocalismo final da lugar a una regularización de los formantes del morfema de número: -s (tras vocal y consonante) y -es (tras consonante).
En el sustantivo solo se distinguen tres géneros, femenina, neutru y masculino. Obviamente, estos tres géneros del castellano —y que llamamos así— no son idénticos, en cuanto a sus valores y funcionamiento. En efecto, en castellano, en el ámbito de los sustantivos, femenina y masculino se oponen entre sí, pero se concilian integrándose en uno solo en ul genu neutru.
La femenina, ul neutru y el masculino del castellano generalizan formantes propios: -a, -i para la femenina, -u para neutru y -o, -e (‘no -a’) para el masculino. Se trata de formantes de morfema, no de significantes lexemáticos, ni siquiera como lexemas marginales o derivativos.
La aparición del género ligado a desinencias o formantes propios se completa con la motivación del mismo: se desarrolla y generaliza la motivación de «sexo». Esta motivación del género, basada en la conformación de la sustancia de «sexo» ( «hembra» / «macho-hembra» \ «macho»), es patente para cualquier hablante.
Por otra parte, decimos de forma generalizada que en el paso del latín al castellano se han mantenido los géneros (salvo en lo que se refiere al neutru). Se confirma en este caso la tendencia general de las lenguas en su evolución a mantener las distinciones. En efecto, los masculinos latinos tienden a conservarse como tales y las femeninas, igualmente. Problemas específicos plantea el neutru, que, en cuanto tal, no desaparece de los sustantivos, sino, que se infiltra en el masculino adoptando el nombre de «masculino genérico o género no marcado».
Esta diferenciación fue aprovechada en el castellano para desarrollar los formantes propios del género.
La peculiar evolución fonética del vocalismo final del castellano ha dado lugar a la generalización y regularización de los formantes -s y -es para el número [ y, a su vez, -a, -i / -u \ -o, -e para genu femenina, neutru y masculino respectivamente].
Genu femenina
El principio de la forma femenina y la introducción en la estructura gramatical es tan antigua como el castellano, de época plenamente dialectal y fruto de regularización monodialectal.
En principio la oposición de dos géneros (masculino / femenina) y el equilibrio de ambos «umsei (neutru o común de dos)» en el castellano, tenían ya todas las funciones casuales (marcadas en forma especial) de:
femenina / neutru \ masculino
-a, -i / -u \ -o, -e
Como hemos visto, el castellano arrancó con la distribución temática sin duda vacilante y completa.
Con amor desde el corazón de la consciencia de la voz castellana.
Lecabeld Lilbadrid.